El infalible BLW

0 Flares Twitter 0 Facebook 0 Google+ 0 Pin It Share 0 Filament.io 0 Flares ×

A los cinco meses y medio, mi koalita empezó a dar señales de que quería comer. Era desesperador ver sus ojitos pidiendo y su boquita salivando. Bueno, le di unas gotitas de fruta. Otro dia, un nadita de palta. Y así logramos llegar a los seis meses de lactancia exclusiva y mucho interés. ¡Yo estaba ansiosa por darle un plato de fideos y verla ensuciarse todita! No me aguantaba de la emoción el día que cumplió seis meses. Listo: ¡al fin comería! 

Mi bebé fue de esos que pasó del pecho a los sólidos. Nunca comió papillas, nunca probó cremitas (estoy actualmente educándola a comer yogur o algo cremosito, porque le tiene asco). De frente su pollito, papa, verduritas. Compramos la silla aérea para que coma en la mesa con todos. Todo el primer mes de introducción a la alimentación complementaria lo ha pasado comiendo con sus manitas lo que quería. Como no tenía mucha fuerza en las manos, agarraba poquito. Y avanzábamos felices, porque hacíamos el tan hermosísimo chic y dizque vanguardista (pues no lo es) Baby Led Weaning. Es decir, dejar que el bebé coma sólidos y con las manos. Es decir, lo natural. O sea, lo simple simple, el estilo mamá floja de ser.

En el séptimo y octavo mes, la chica lo pasaba regio, y aumentó su tono muscular: tenía fuerza, comía más. Era lindo verla comer, cómo se ensuciaba toda, ¡como comía! Hasta que... no sé qué problema mental me atacó.

Yo no soy de las personas maniáticas de la limpieza, no tengo que tener todo en orden todo el tiempo, no soy de las que se lava la mano porque tocó a alguien en la calle. Tampoco lo soy con la bebé. No la estoy protegiendo de las bacterias, no creo que si comió algo del suelo o chupó un juguete de otro niño se vaya a enfermar o morir. Pero un bichito demoníaco me hizo creer que podía dejarla ser y comer con las manos solo en el desayuno y el almuerzo, pero jamás en la cena. 

En el almuerzo, hijita, come lo que quieras, coge lo que quieras. En la noche, mi amor, no tengo tiempo de limpiar nada; aparte, ya te duchaste y ya tienes tu pijama. Lo siento, me entenderás.

Y era una sinfonía de «NO»:

Hijita, ese NO. Mi amor, así NO es. NO me gusta que lo botes así. NO creo que deberías... ¡NO!

Era tanto NO que la koalita se confundió. Pero no solo se confundió y lloró, sino que dejó de comer completamente. El noveno y el décimo mes fueron abrumadores.

Obvio que yo sabía que era por la confusión que le causaba. Trataba de que volviera a comer en las mañanas, pero ni siquiera tocaba la comida con las manos. Ponía sus manitos atrás, lloraba, y abría la boca con hambre. 

Una vez, la obligué a comer. ¡Fue fatal! Ella frustrada, yo frustrada, ambas llorando. No sabía qué hacer y estaba totalmente convencida de que a ella al fin le ganaría el hambre y cogería la comida.

Fue así hasta su décimo mes. Empecé a desesperarme. Viajamos y la chica bajó 300gr. ¡Para su cuerpito era demasiado! Pese a que el pediatra hubiera dicho que era normal, que ya ganaría peso nuevamente, yo la veía delgada y me comía la culpa. ¿Qué hice? La matriculé en una guardería. Pensé que podría aprender a comer viendo a los niños. Listo, matriculada. En la tarde del mismo día, me arrepentí. Hice las cuentas y eran más de 5 horas sin ella. Fuera que llegaría a casa, dormiría, y me quedarían unas 3 horitas de jugar y luego todo el rito de comer y dormir. ¡Oh no! Cancelé en mi cerebro la guardería, la dejamos para el otro año. ¿Y qué hacer ahora?

Por suerte de la vida, tengo una muy buena y reciente amiga especialista en BLW, pero casi nunca tenemos la oportunidad de vernos. Siempre ocupadas, siempre corriendo. Pero por fin nos vimos, en su casa. Yo estaba cuidando a Oli cuando, de repente, veo a su hijito de 1 año 8 meses sentado en una banquita (giratoria y sin espaldar, eh) enrollando (dije ENROLLANDO) sus fideos verdes. Los enrollaba y los comía. 

¡Casi lloré de emoción! Le dije: «Amiga, ¿a esa edad mi hija hará eso?» Y su respuesta fue: «Si estás haciendo todo bien, es probable que sí». Pero yo NO estaba haciendo todo bien. Le conté todo lo que acabo de decirles, le dije que estábamos empezando a dejarla sola a comer como quisiera y explorar y cómo lo hacíamos.

ERROR: La aplaudíamos.

Cada vez que ella cogía con la mano y comía, la aplaudíamos. ¿Qué hay de natural en eso? ¡Pero es impresionante como NO lo veíamos! Ni siquiera nos parecía raro hacerlo. La koalita estaba simplemente adicta a los aplausos. Cogía todo y esperaba que todos la aplaudieran, incluso con visitas, o con sus abuelitos. Y miraba a la persona haciendo su «eh, eh», para que la aplaudieran. 

Bueno, mi amiga me dio una charla, un verdadero taller en la cocina de su casa. En resumen me dijo: si vas a estar más preocupada con la sala sucia que con la forma saludable en que tu hija se desarrolle con la comida, vas a sufrir.

Al día siguiente, todo cambió.

Ya hace casi dos meses que estamos avanzando con éxito. El BLW no me funcionaba porque lo que yo hacía NO ERA BLW! Y no existe proceso semi-natural. Lo natural es infalible.

Hoy, puedo dar mi testimonio de victoria: vamos avanzando bien, nadie aplaude y nadie está tan preocupado con la limpieza. De hecho, mientras escribo este post ella duerme y el suelo de la sala está lleno de coliflor, zanahoria, cebolla y pimientos.

¡Gracias, amiga Karen!

Imagen1sd 

0 Flares Twitter 0 Facebook 0 Google+ 0 Pin It Share 0 Filament.io 0 Flares ×

Author: Mamá Koala

Share This Post On
468 ad

Submit a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

0 Flares Twitter 0 Facebook 0 Google+ 0 Pin It Share 0 Filament.io 0 Flares ×