Un día atípico [Hoy Murphy no se presentó]

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Despertamos hoy como si fuera un día común: a la hora casi exacta, con buen humor… hasta que al momento de desayunar:

- Mamita, ¡quiero atún!

- ¿Atún? (En mi casa no es nada común comer atún en las mañanas, creo que nunca lo hemos hecho)

- Sí, quiero un pote de atún. Con momate, cebolla y limón.

Por suerte, teníamos atún en la despensa. A preparar el atún, cortar el tomate, remojar la cebolla… todo eso y yo pensando: «claro, me a hacer preparar todo eso y no va a comerlo jamás, no le gusta el atún…». Para mi sorpresa, comió todo, y con galletas de agua y sal.

Salimos a hacer unas entregas a gente linda, linda, familia porteadora profesional. El buen humor de Olivia me asombraba. Debo decir que a los dos años, con tantos cambios en su vidita, son raros los días de alegría espontánea. Decidí ir lejos, a un parque que nunca vamos, a alimentar a los peces. Pasear, reírnos…

Al terminar parte del recorrido de parque, tiendas, compras y demás, Olivia tenía sueño.

- Mamá, ¿me cargas con tu fular en tu espalda?

Debo decir, nuevamente, que a los dos años es raro que Oli pida fular, y más a la espalda. Pero la puse, dijo que quería dormir. Cuando estoy en plena instalación del nudo del día, levanto la mirada y veo a una conocida, porteadora, fular tejido Yaro, una belleza. Nos saludamos a lo lejos. Acá en Lima NUUUNCA ves un fular tejido así por así, pero mira. ¡Qué día!

Salgo del parque y decido caminar un poco para arrullarla y así será más fácil sacarla dormida y pasarla al frente. Camino, camino, y veo que ya estoy cerca de un óvalo donde hay una librería que quiero ver… Camino más. Entro, veo, salgo. ¡Estoy cerca de casa! Decido acomodar la cabecita de Oli mejor en mi espalda, y una señora que venía atrás dice: «La cabecita está bien, está súper, ¡no te preocupes!». Uf, qué día más bueno… una mujer que no critica. Más adelante, decido acomodar otra vez, y ahora es un señor el que me pregunta: «¿Quieres ayuda con algo?». No, gracias, pero qué amable se sintió…

Más adelante, me abren la puerta del banco para retirar el dinero. Y luego, me abren la puerta con una sonrisa para ir a hacer un depósito al paso. Y el restaurante donde pido el menú me lo saca en cinco minutitos. Y estaba justo al frente de una súper tienda natural. Compro. Despierto a Oli: bienhumorada, feliz, se come una galleta y dice que quiere almorzar.

Caminamos, viene un taxi, cobra barato… ay, ay… por más días como este en los que, incluso, puedo llamar a mi mamá, hablar más de media hora y encima escribir un post. Y el mundo no se ha acabado. Hoy Murphy no se presentó.

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